Cake de canela y pistacho (o casi) con nueces
¡Pero si está jugoso!Esa ha sido la interjección de María después de haberlo probado, porque es supuesto por muchos que los cakes son un postre relativamente seco y pensado para mojar o acompañar un té o café. Pará mí, nada más lejos de la realidad, desde que los mojo en un sirope han quedado en un pasado que nunca he conocido esas ideas de cakes comprados y envasados casi insustanciales.
Lo de “o casi” no es más que un intento personal de aclarar que en este caso el pistacho es un sabor de lo más sutil que se añade para contrastar con los sabores de la canela y las nueces, nada más. Hasta podría haberse sustituido por harina de repostería. Ya he hecho alguna vez, aunque no lo haya publicado, un cake de pistacho preparado con pasta de pistacho, más aromática y colorista que su versión en polvo.
Por algún motivo que se me escapa, últimamente siempre me toca preparar los cakes en A Illa, como si las condiciones de espacio y material se ajustasen mejor allí que no entre el caos de amasijos que envuelven la cocina de Santiago. También, curiosamente, tengo cierta tendencia a prepararlos en verano, como si la frescura del postre nada más salir del frigorífico resultase más apetecible que durante el resto del año. No sé, el hecho es que se está convirtiendo en una pequeña tradición estival.
Impertinente
Sé que he sido un poco impertinente. No he podido evitarlo. No todos se llevan ese tipo de libros a la playa. Lo que ya me parece un burdo ejercicio de presunción es dejarlo sobre la toalla con la portada a la vista y en el sentido del observador, para que todos podamos pensar cuán inteligente y culta es la estupidez humana.
No es el único ejemplo. Los libros son una pequeñísima muestra del interés humano por la petulancia de una falsa fachada. El valor está en el ser y no en el parecer.
(…) Nos quedamos, definitivamente la he convencido (a medias). Para hacerlo he tenido que ser bastante perspicaz y moverme sigilosamente por la realidad.
(…) Definitivamente, hemos vuelto a Santiago, la estabilidad de Teo no es lo que más ha pesado en la decisión. ¡Iluso!, ¡y yo que esperaba (por una vez) una pequeña concesión al bienestar nuestro!
Cuando el blanco es casi gris y el gris es negro, llega con una leve capa de pintura blanca. Mi vida no es peor que otras, ni más desgraciada ni más vacía. Tampoco me importa, debería ser mi vida y no lo es.
No es domingo, pero como si lo fuese…
La cura (y dos)
lunes, 20 de julio del 2009. Hoy he vuelto a dejar mi firma. Me estoy haciendo mayor y eso se nota. Antes nunca me caía mientras corría, las piernas se levantaban a la suficiente altura del suelo como para sortear todos los obstáculos. Si tropezaba tenía los reflejos, fuerza y estabilidad como para sostenerme en pie. Ahora no pueden faltar un par de caídas o más al año, y en los viajes, cansado, están siendo una costumbre muy peligrosa.
Peter Pan no quiere hacerse mayor, yo tampoco. Harry Haller pensó que no estaba preparado para soportar la decadencia física e intelectual. Reconforta pensar que el cerebro, como el resto del cuerpo, se vuelve más lento pero con una capacidad de resistencia mucho mayor. Un instrumento entrenado para recorrer mayores distancias a menor velocidad.
Soy mis recuerdos, en gran parte, y si ellos desapareciesen por alguna circunstancia, estaría muerto, sería un muerto viviente.
No ha sido nada, las secuelas físicas no van más allá de una hinchazón en la cadera y algunas rozaduras en el brazo y rodilla.
Esto se acaba, es la última noche. La burbuja de aislamiento de esta semana pronto se romperá y crecerá el vacío de la vida real.
¿Para qué contarle al diario los embriagadores espacios de los que nos hemos rodeado? Para eso ya están las guías de viaje al uso.
Los viajes dentro de Europa no suelen ser tan rompedores con el pasado, ni tan confusos que te parezca estar abriendo los ojos por primera vez. Aún así, es posible encontrar esos momentos de un modo menos duradero pero igualmente eficaz.
La bajeza (¡qué poco me gusta esa palabra!) del ser humano ante la degradación necesaria, la trivialidad de muchos turistas que se enfrentan al destino sin bajarse del autobús de los prejuicios.
Hemos hecho una visita a una localidad cercana, a Haarlem, ayer en autobús y hoy en tren. Ha sido más difícil disparar con la cámara con Teo colgado o empujado por mis manos, mas los disparos (menos certeros) se han prodigado en número similar a otras ocasiones.
martes, 21 de julio del 2009
Exceptuando las pequeñas guías de viajes, la primera lectura en una semana ha sido un periódico en el vuelo Ámsterdam-Madrid. Ni se me había ocurrido llevar el “libro gordo de Petete” que había (intentado) empezar hacía un par de semanas. El pequeño libro pudo haber sido abierto durante un segundo. A la vuelta T ha estado un poco incómodo, agotado y turbado por un sueño incapaz de conciliar.
¡Bienvenido a la cruda realidad!
- 165 gr. de harina de repostería.
- 45 gr. de pistacho en polvo.
- 8-10 gr. de levadura química, también llamado “impulsor” o Royal
- 1 cucharilla de té de canela molida.
- Dos pizcas de sal.
- 75 gr. de mantequilla (fundida y clarificada)
- 215 gr. de azúcar.
- 180 gr. de huevos (3 grandes)
- 110 gr. de nata fresca espesa.
- 65 gr. de nueces troceadas (en fragmentos gruesos)
Jarabe para mojar el cake
- 125 ml. de agua.
- 105 gr. de azúcar.
- Un chorrito generoso de ron (o licor kirsch).
(1) Pelamos y trituramos unos pistachos hasta convertirlos en polvo y obtener la cantidad deseada. Cascamos y troceamos las nueces en fragmentos no demasiado pequeños. Engrasamos un molde para cake con un poco de margarina y enharinamos ligeramente retirando la harina sobrante.
Tamizamos la harina y el polvo de pistacho, éste es más grumoso por lo que es importante hacerlo. Mezclamos ambas harinas con la levadura química y la canela molida. Reservamos la mezcla, la añadiremos al final en forma de lluvia. Fundimos la mantequilla a fuego bajo, dejándola templar mientras preparamos el resto del cake. Fundiremos mayor cantidad de mantequilla (unos 100 gr.), pues al aclararla quedarán partes sólidas y restos en el cazo.
(2) Precalentamos el horno a unos 200ºC, hornearemos a 180º C. Si nuestro horno es de los que se calientan rápido podemos precalentarlo más adelante.
En una olla o cuenco grande emulsionamos el azúcar con los huevos y unas pizcas de sal, batiendo con un batidor de varillas eléctrico a velocidad alta durante casi unos 10 minutos, hasta que haya multiplicado considerablemente su volumen y tenga un tono muy pálido, casi blanco. Añadimos la mantequilla poco a poco montado durante unos minutos más (casi 5). En esta ocasión he añadido también la nata espesa y la he montado con la mantequilla, quizás sería una buena opción añadirla cuidadosamente después de montar la mantequilla, aligerándola antes con una poco de huevo montado.
(3) Añadimos la mezcla de harina en forma de lluvia, ayudándonos de un colador grande o tamiz, y las nueces troceadas. Mezclamos con una espátula de plástico o silicona de modo envolvente, empezando desde el centro y de abajo hacia arriba, girando el recipiente a medida que vamos mezclando. Vertemos la masa en el molde, de modo que quede no llegue al borde (crece bastante), a una altura máxima de unos ¾.
(4) Bajamos la temperatura del horno a 180º C e introducimos el molde en el horno, depositándolo sobre una rejilla para que se cueza uniformemente y no se cueza en exceso la base. Horneamos por un tiempo entre 40-50 minutos, justo hasta que al pinchar en el centro con una brocheta, palillo o cuchillo,… salga limpio. Retiramos de inmediato e introducimos el recipiente en un baño de agua fría para que no siga cociéndose. Desmoldamos (no debe estar demasiado caliente al desmoldarlo para que no se rompa).
Pasamos a la preparación del jarabe que es imprescindible para obtener un óptimo resultado. El jarabe podemos ir preparándolo al final de la fase de cocción.
(5) Jarabe, como he dicho, imprescindible. Ponemos al fuego el agua con el azúcar hasta que hierva, retiramos cuando se hayan deshecho los granos de azúcar y añadimos el licor. Con el cake todavía templado, lo depositamos sobre película de cocina o una rejilla estrecha y, con ayuda de un pincel, empapamos el pastel con el jarabe, primero por la parte superior y girándolo por todos lados (incluso la base) para empaparlo de modo uniforme. Podemos hacer unas pequeñas incisiones con un palillo para facilitar la introducción del sirope. Debe estar bien mojado por todos lados hasta acabar el jarabe.
Envolvemos en película transparente de cocina e introducimos en el frigorífico hasta el momento de consumir, por lo menos toda una noche. Su punto ideal lo alcanzará pasadas unas 36-48 horas de reposo en el frigorífico. Envuelto en película de cocina en el frigorífico se conserva varios días en perfecto estado, mojado y sin resecarse. Yo recomendaría hacerlo dos días antes del momento de degustar, estará en su estado óptimo. Por ejemplo, un viernes por la noche para tomar un domingo al mediodía.
Poco a poco los cakes se están convirtiendo en mis postres preferidos, o casi.


